lunes, 12 de septiembre de 2016
Fuzzville#2
Fuzzville es "la fiesta definitiva para los amantes de los sonidos salvajes, del punk-rock y de los sellos underground nacionales e internacionales". Y no lo decimos por aquí, ésa es la carta de presentación para un festival recién nacido que ya en su primera edición en 2015, de la mano del sello Burguer Records y con los españoles Discos Humeantes o Rufus Recordings, consiguió el premio al festival revelación del año.
Con el recuerdo aún de la fiesta salvaje revelación del año, hemos vuelto a la Villa del Fuzz de "Beniyork, ciudad de vacaciones" para asistir al Fuzzville#2 con un cartel más que prometedor por parte del sello Goner Records y con un protagonismo especial al sello Rufus Recordings, que este año tiene escenario propio dentro de la Villa.
Entramos de lleno en la fiesta el viernes a primera hora de la tarde con Las Señoritas Estrechas que inauguraban el escenario, a priori, menor, que tantas alegrías -y golpes- nos dio durante el festival. A golpe de ritmos ramonianos, estos madrileños -sí, no son señoritas- dedicaron el primer concierto del festival a Paco Rufus, como no podía ser de otra manera, en el que fue el escenario que llevaba el nombre de su sello discográfico, el Rufusville Stage. Tras ellos, en el escenario principal, las californianas La Luz, producidas por el mismísimo Ty Segall que bajaron las pulsaciones con temas muy melódicos y una actitud un tanto hastiada, aunque acorde al horario y el público que poco a poco iba llegando. De vuelta al Rufusville nos encontramos con Aliment. Aún no se había puesto el sol y este trío nos hizo sudar la gota gorda con hits más que acelerados del Holly Slap y un par de temas nuevos para las delicias de los amantes del "pogo", como el No Fuzz. Recién inauguradas las camisetas sudadas y pelos recogidos, Spray Paint le sacaron todo el jugo a su post punk oscuro en el escenario principal donde ya se empezaba a amontonar un público ávido del sonido sucio y distorsionado.
Las Venas tenían un duro trabajo ante ellos -que superaron con creces- y no era otro que actuar mientras llegaba la hora de alimentarse. ¿Fast-punk o Fast-food? Pues eso, acelerados cenamos, bailamos y bajamos al escenario principal para encontrarnos con Giuda y, off the record, la pelvis del romano Lorenzo Moretti. El quinteto dio un conciertazo del rock más puro y un espectáculo de coreografías centradas en los movimientos sensuales de su líder, todo muy deleitable, oigan. Con toda esa adrenalina subimos al escenario pequeño, que cada vez se quedaba más pequeño, para ver a Los Claveles. Con la cena en el estómago y los romanos aún en la cabeza nos sorprendimos al ver cómo los grupos que, en principio, son menores, nos iban ganando con bolos salvajes y entregados al público que prácticamente podía tocarlos.
Ahora sí, el primer gran momento de la noche, Mujeres. Otra banda integrada por hombres, no se me confundan, que se confirmó a última hora. El estandarte garagero español nos explicó porqué son ellos, Mujeres, un referente ineludible del género en nuestro país, comparados con los Black Lips y su interpretación de Aquellos Ojos más acelerada de lo normal nos dejó con la boca abierta y sin suelas.
Sonidos overdrive y ondas distorsionadas, así nos quedamos viendo a Ángel y Cristo. Menos mal que también íbamos distorsionados ya, con los cuerpos overdrunk -en cristiano, como las mismísimas Grecas- porque lo de estos chicos fue un espectáculo que bien podríamos denominar goyesco. Disfraces de astronauta, tablas de planchar y performance entre el público que les ha llevado a ser comparados con una mezcla de Parchís y Sonic Youth y que eclipsaron, eso sí, lo único que valía la pena de los madrileños, su sonido y letras.
Seguíamos en el particular carnaval, esta vez con NoBunny, disfrazados de conejos y ataviados con medias de rejilla. A diferencia del anterior concierto donde el show eclipsó a la música, en esta ocasión el power pop de la banda de Justin Chamblin nos supo a poco y de ellos disfrutamos más el espectáculo, eso sí, un tanto manido.
Llegaba el momento esperado en el Rufusville, Las Membranas, grupo alicantino del que Paco fue miembro, que tocaba rodeado de amigos e incondicionales dispuestos a dar el homenaje que Paco se merecía. ¡Y vaya que si lo hicimos! Terminaron con la versión de Salvaje y un salvaje Claudio fusionado con el público se dejaba caer por encima de sus seguidores y se enredaba -en mi caso- con los cables del micro. Así se cerraban los conciertos en el escenario Rufus y Hollywood Sinners fueron los encargados de cerrar en el principal con el público caliente, con mucha ayuda de la temperatura de la sala, sirva como apostilla.
Por si no habíamos tenido bastante con los directos, cerró la noche el dj local, Turista Bang Bang, tal y como lo hiciera la pasada edición, capaz de levantar a un muerto y hacer que baile al ritmo de rock and roll hasta las siete de la mañana. Ahora sí, camino a casa, hemos decidido que mañana mejor nos vamos al Galeón a ver a María Jesús y su acordeón.
Con resaca y los oídos zumbando aún, nos levantamos y cual guiri con chanclas y calcetines afincado en Benidorm fuimos -cerveza en mano- al que, desde nuestro punto de vista, fue uno de los mejores conciertos del festival, en la sala RocKstar, el de los zaragozanos Los Bengala. Duo que tuvo que convertirse en trío por un día, que te da una patada en el culo a base de ritmo y machetes y te quita la tontería con su garage felino. Nada más que añadir.
Los Bengala. Fuzzville
Llegamos a la villa con retraso justos para ver a los Retraseres - poropón pish- otro de los grupos del sello Rufus, punk veloz, dispararon temas sin parar y calentaron los motores con yeyé de mierda, ahora te lo miro o a mi novia le gusta el yoga. De ahí a la cena-espectáculo de la mano de Ian Svenonius, frontman de Chain and the Gang. Veteranos de los escenarios, new wave, look cuidado con trajes a rayas y, al contrario que los anteriores que disparaban temas sin tregua, acudimos a un festival de monólogos, en inglés, que nos recordaron al que hizo Howlin Peel con los Loyal Royals en el pasado Funtastic. Entre tanta palabrería, hemos de decir que fue un concierto impecable. La gran sorpresa de la noche vino de la mano de Texcoco, debemos reconocer que nada sabíamos y nada esperábamos de esta banda que subió los niveles de adrenalina y sudor cual ola de calor; noche tropical que con facilidad superaría los 40º -diría Maldonado. Turno de los puretas del festival, de esos que quieres vez y a la vez te temes lo peor. Si el año pasado Pandoras nos demostraron que la edad no es un handicap, este año The Boys y su punk de toda la vida hicieron lo propio.
Llegó la hora del caballo ganador, la Moto de Fernan, que jugaba en casa y cada año se les nota más esa forma primitiva de des-cuidar los directos. El Grasas a la batería sin parar mientras Pedro, cual Denis Hopper en Easy Rider, se subía a la barra con una bailarina y Albert en el otro extremo nos deleitaba con un "bodegón" marsupial mediterráneo. Sin duda, este sábado, nació más de un galgo.
Y llegó el esperado cabeza de cartel, Thee Oh Sees, un directo cuidadísimo del mejor garaje psicodélico y un público entregado a una de las mejores bandas del panorama actual. La peor parte se la llevó Hakan, que, tras el huracán ToS, lidiaron con un extenuado reducido número de público. Aún así, a tumba abierta, disfrutamos de su power pop a la italiana. En el escenario principal la, sentimos ser tan sinceros, gran decepción de la segunda edición, Radioactivity. Tal vez fue una sobredosis de sonidos distorsionados, pero nos parecieron más de lo mismo sin nada destacable, ni en la puesta en escena ni musicalmente.
No podemos negar que somos de antros, de sonidos primitivos y de sudar sangre, Terbutalina nos enamoró. Tal y como su nombre indica, tuvo un efecto broncodilatador en nosotros y pudimos sobrevivir a uno de los mosh pit más salvaje del festival. ¡Que-de Leite!
Terminaba ya la segunda edición con Los Chicos, sombrero country, actitud animal y mucho rock n´roll para cerrar el que es, sin duda, el mejor festival punk-rock-garagero del país.
Después de tres días de fiesta y la pinchada hasta las siete de la mañana, por fin nos pudimos ir todos a tomar por donde los pepinos amargan, pensando que mañana tendremos que alquilar sillas motorizadas para mover nuestros huesos.
¡Larga vida al Fuzz!
Nota mental: no usar bambas blancas en la tercera edición.
Redacción: Mage Joe. Fotografía: Damián Venteo.
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